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Sevilla en ‘Asi es, si así fue’

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La obra “Así es, si así fue. España: de los Trastámara a los Austrias” continúa con su exitosa gira por todo el territorio nacional.

Los días 2, 3, 4 y 5 de diciembre  (a las 20:30 horas) llega al Teatro Lope de Vega de Sevilla este gran fresco histórico de la España del Renacimiento.

Un polémico texto que recrea la convulsa formación del Imperio español, el final de la dinastía de los Trastámara, la llegada de los Austrias y la coronación en Bolonia del emperador Carlos V. La relación del linaje castellano de los Trastámara con la ciudad de Sevilla es muy estrecha. En el siglo XV, Sevilla era la ciudad más grande de las coronas de Castilla y Aragón, y su reino aportaba hasta un 20% de todos los tributos castellanos.

Durante una estancia de los Reyes Católicos en Sevilla en 1477 se impulsó la fundación de la Inquisición. La ciudad fue elegida para el primer auto de fe en 1481 en el que se quemaron vivas varias personas.

El descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492 fue muy significativo para la ciudad, que se convertiría a finales del siglo XV en uno de los principales puertos de Europa. El Puerto de Indias de Sevilla pasó a ser el principal punto de enlace con América. En 1502 los Reyes Católicos fundaron la Casa de Contratación de Indias, desde donde se dirigían y contrataban los viajes con América.

Son muchos los personajes históricos de este período relacionados con Sevilla. En esta ciudad nació en 1478, el Infante Don Juan, hijo de los Reyes Católicos. Aquí preparó sus viajes, Cristóbal Colón; vivió y falleció, el cosmógrafo Americo Vespuccio; y nacieron el marinero, Rodrigo de Triana y el  conquistador, Rodrigo de Bastidas.

De la Sevilla renacentista son originarios el actor y dramaturgo, Lope de Rueda; el humanista, Pedro Mejía; el poeta, Gutierre de Cetina; el cronista, Alonso de Santa Cruz; y el compositor, Cristóbal de Morales.

En  la capital hispalense, el emperador Carlos V contrajo matrimonio en 1526 con Isabel de Portugal. Y aquí, en 1575, llegó la gran mística, Santa Teresa de Jesús para realizar su undécima fundación.

La España de las tres culturas también se refleja en esta gran obra histórica. En 1483 fueron expulsados los judíos de la ciudad, nueve años antes del Decreto de Expulsión general de 1492. La minoría islámica también sufrió un duro golpe en 1502, cuando los mudéjares fueron obligados a convertirse en el cristianismo (moriscos).

La mayoría de los personajes aquí mencionados, así como otras grandes figuras del Renacimiento español (El Marqués de Santillana, Jorge Manrique, San Juan de la Cruz) se dan cita en este gran lienzo histórico.

“Así es, si así fue” es una propuesta  del multipremiado productor Andrea D’Odorico, con dramaturgia de Juan Asperilla y dirección de Laila Ripoll. La actriz Verónica Forqué da voz, por primera vez en la historia del teatro español, al personaje de Juana la Beltraneja, en un emotivo monólogo en el que denuncia a su tía, Isabel, por la usurpación de su trono de Castilla. Los actores sevillanos José Manuel Seda y Juan Fernández, junto a los intérpretes Joaquín Notario, y José Luis Patiño completan el brillante reparto de una  “comedia humanística” en la que la música popular del renacimiento de Marcos León y Rodrigo Muñoz, constituyen un bello contrapunto a sus interpretaciones.

“Así es, si así fue” es un gran mosaico que muestra la otra cara de la llamada “historia oficial”, una obra  indispensable y controvertida, que tras las excelentes críticas recibidas a su paso por numerosas ciudades y Festivales de Teatro, continúa  con su gira por todo el territorio nacional, recalando desde el 2 al 5 de diciembre en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. 

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¿POR QUÉ HE ESCRITO “ASÍ ES, SI ASÍ FUE”?

 

El autor, Juan Asperilla

El autor, Juan Asperilla

Mi padre era extremadamente católico, y aunque nunca lo quiso reconocer, probablemente de ascendencia judía. Nació en Guadalajara, la ciudad del cabalista Moisés de León. Mi madre es de Toledo, la ciudad de las tres culturas. Es una mujer de carácter y rasgos germánicos, rubia y de ojos azules. Se conoce a la perfección la lista de los treinta y tres reyes godos. Yo estudié árabe. Lo he olvidado, pero, curiosamente, desde hace años todos los días nombro en esa lengua los 99 nombres de Allah. También pronuncio la oración Ana Becoah en el idioma judío, y el padrenuestro en latín y español. Hay algo atávico en todo ello que me hace pensar que, de algún modo, estoy unido a las generaciones pasadas. Si uno está atento, los muertos hablan. Son sabios nuestros antepasados y saben que, no siempre, lo que se dice de ellos en los libros oficiales es del todo verdad. El poder, las instituciones, la vanidad, el dinero, la política y la adulación suelen tergiversar la realidad. Nadie es del todo ni santo ni demonio.

Hace tiempo que quería hablar del Renacimiento español. Me eduqué en un colegio italiano. Italia, desde siempre, se ha preocupado con esmero por transmitir la cultura y el humanismo de aquellos siglos. ¿Y por qué no España?, me decía, ¿por qué no España? No entiendo ese afán oficial por llegar a toda prisa al Barroco Imperial y olvidar el Renacimiento. Antes de la madurez, hay una juventud. ¿Por qué ese sutil desprecio hacia la juventud?

Y, mientras me hacía esas preguntas, me hablaban Jorge Manrique y el Marqués de Santillana; y también Juan de Mena y Fernando de Rojas; y San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Fray Luis de León… Y, un día, Juana la Beltraneja me contaba el porqué no pudo reinar; y otro, voces desconocidas murmuraban sobre la sodomía de Juan II y Enrique IV, se sublevaban contra la codicia de Álvaro de Luna o se burlaban de la promiscuidad de Fernando el Católico. Más de una vez escuché llantos de judíos expulsados o rezos moriscos; y, más de una vez, vi océanos, naves y sangre de indígenas torturados en las costas americanas.

Si uno está atento, los muertos hablan. No miento. Sólo piden que se les de voz y se les haga justicia. Si uno es honesto con ellos, te ofrecen abiertamente sus palabras. De pronto te muestran sus escritos, sus poemas, sus refranes, sus versos, sus mofas, sus cartas… Uno se sorprende y ve que todo cuanto advertía en los sueños era cierto… Hay otra historia, otra realidad, otras voces…

Ni el tiempo, ni el poder, ni el Estado pueden ocultar la verdad de los muertos

¿Que por qué he escrito “Así es, si así fue”?

Por simple justicia.

 Juan Asperilla

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